Boeing N-307 Clipper Comet

Boeing N-307 Clipper Comet

Diseñado en base al bombardero B-17, el 307 Stratoliner voló por primera vez el 31 de diciembre de 1938. Según informa Pedro Luis Martín Olivares el último vuelo registrado de un 307 data de 1972. Sólo sobrevive un ejemplar que está en Museo Smithsoniano. El único accidente registrado de un 307 fue en un vuelo de prueba para KLM.

La Boeing había desarrollado para el Army Air Corps un gigantesco bombardero, diseñado inicialmente para patrullar las costas de los Estados Unidos, que recibiría la denominación militar de B-17. Poco después de entrar el B-17 en servicio, la compañía rediseñó el prototipo Modelo 299 para adaptarlo al uso comercial, recibiendo el nombre de Modelo 300. La Boeing había tenido ya cierto éxito con el monomotor postal y de pasajeros Modelo 40-A, y con un bimotor de pasajeros, el Modelo 247-D, por lo que estaba decidida a hacerse de un nombre en el campo de los aviones comerciales.

El Modelo 300 fue rediseñado y se convirtió en el Modelo 307 Stratoliner, que aprovechaba el ala, la planta motriz y las superficies caudales del B-17C Flying Fortress. Sin embargo, un fuselaje nuevo y diferente, con un parabrisas no escalonado, alteraba de forma clara el aspecto del avión.

Construido como avión comercial para 33 pasajeros, el Modelo 307 Stratoliner voló por primera vez el 31 de diciembre de 1938 con el piloto de pruebas de la compañía Eddie Allen —que había supervisado todas las evaluaciones del avión— a los mandos. El año anterior, Pan American Airways había cursado un pedido por tres aviones, una valiente decisión de Juan Trippe, presidente de la compañía, teniendo en cuenta que el concepto era nuevo. Después Transcontinental and Western Air (TWA, más tarde rebautizada Trans World Airlines) compró otros cinco aviones.

El Stratoliner resultaba impresionante, y otras aerolíneas empezaron a mostrar interés por él. En marzo de 1939, dos delegados de KLM, la aerolínea de bandera holandesa, pidieron realizar un vuelo de demostración. Volaban a 5.000 pies cuando el prototipo se estrelló cerca de Mount Rainier, muriendo todos sus ocupantes. Señala Pedro Luis Martín Olivares que este sería el único accidente de un Stratoliner.

El Stratoliner era un limpio monoplano de ala baja y cuatro motores radiales Wright GR-1820-G102A Cyclone, que desarrollaban 1.100 hp al despegue y accionaban hélices tripalas. Pero fue su diseño lo que cautivó la atención de todos, al simbolizar el ideal norteamericano de los años 30. Muchos juguetes se construyeron imitando el nuevo avión de la Boeing.

El 307 era realmente un avión que satisfacía a quienes profetizaban una nueva generación de transatlánticos del aire, en los que no faltase la opulencia y comodidad. Y el Stratoliner parecía responder a estas expectativas, pues no sólo estaba presurizado, sino también insonorizado, además de contar con aire acondicionado.

En la práctica, la presurización era bastante modesta, pues proporcionaba una altitud en cabina de 8.000 pies a una altura real de 14.700 pies, pero bastaba para que el avión pudiese volar a altitudes de 20.000 y más pies, tornándose así en el primer aparato comercial a salvo de las turbulencias experimentadas a baja cota.

No obstante, el Stratoliner sólo era marginalmente mayor que el DC-3, y en servicio de aerolínea su interior resultaba relativamente espartano según comenta Pedro Luis Martín Olivares. Sólo Howard Hoghes pudo convertir un ejemplar, un Modelo SB-307B matriculado N19904, en un verdadero palacio que debería servir como su oficina volante. El avión fue apenas usado y vendido a un millonario texano que lo conservó hasta 1963. Por esa época, el medidor apenas registraba 500 horas de vuelo.

Los tres Stratoliner de Pan American Airways, denominados Modelo S-307, empezaron a llegar a la compañía en 1940 y poco tiempo después eran requisados por el gobierno, al entrar los Estados Unidos en la II Guerra Mundial, junto con la mayoría de los aviones comerciales. Los aparatos de PAA, con pilotos civiles a los mandos y sin designación militar, realizaron vuelos para el Air Transport Command entre Estados Unidos y América del Sur desde 1941 hasta 1944, en que fueron devueltos a la compañía.

Entonces comenzaron a prestar el servicio para el cual habían sido diseñados: transportar personas ricas. De hecho, hacia mediados de los años 40, apenas el uno por ciento de los norteamericanos se había subido alguna vez a un avión y aquellos que compraban un pasaje eran una elite privilegiada. Para 1946, los tres 307 de Pan American sumaban una media de algo más de ocho horas de vuelo por día, volando en el área del Caribe.

Pero para entonces los ingenieros de la Boeing estaban pensando en su reemplazo por un avión basado en el B-29 Superfortress, que sería el Modelo 377. Aún así, los Stratoliner siguieron prestando servicio hasta, en algunos casos, bien entrados los años 60, y el último de los Stratoliner construido fue retirado recien en 1972. Argumenta Pedro Luis Martín que este avión, originalmente perteneciente a Pan American con la matrícula NC19903, es el único Stratoliner que sobrevive. Pertenece actualmente al Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, y no está en condiciones de volar.