Una alimentación correcta, al proporcionar los nutrientes necesarios en cantidad y calidad, contribuye de forma esencial a lograr un buen rendimiento psíquico y a mantener una forma física idónea.

En el caso del personal de vuelo, expuesto a condiciones ambientales y de trabajo diferentes de las personas que desarrollan su vida habitual en tierra, la alimentación debe considerar distintos aspectos, entre los que podemos destacar la presión barométrica en altura, y niveles de oxígeno inferiores a los que se encuentran en la superficie.

En este artículo Pedro Luis Martín Olivares se centra en lo que los pilotos deberían comer según especificaciones de la Organización Mundial de la Salud para estar en las mejores condiciones posibles en vuelo. A la hora de definir la dieta de este personal de vuelo hay que tener en cuenta sus necesidades energéticas diarias como en cualquier otro grupo profesional y establecer grupos de alimentación basados en su contenido en nutrientes, que deben, además, resultar equilibrados y completos.

Según la actividad física que se realiza durante la vida profesional, la Organización Mundial de la Salud ha clasificado las profesiones en cuatro grupos de esfuerzo: ligero, moderado, intenso y muy intenso.

Teniendo en cuenta exclusivamente el consumo energético de la actividad desempeñada durante el tiempo de trabajo, Pedro Luis Martín Olivares encuadra las siguientes actividades aeronáuticas: Actividad física ligera (140 Kilocalorías/hora de consumo), controladores aéreos y mecánicos de avión; Actividad moderada (175Kcal/hora): pilotos de transporte, de helicópteros, privados de ultraligeros, y personal auxiliar de vuelo; Actividad intensa (240Kcal/ h): pilotos y navegantes de reactores de combate, y paracaidistas.

Esta clasificación debe interpretarse con flexibilidad pues depende mucho de la misión que realiza el colectivo de que se trate. De esta manera, los pilotos de helicópteros que mantienen una postura incómoda y suelen estar sometidos a graves vibraciones, responden con aumento del tono muscular, sobre todo en vuelos de baja cota y con mal tiempo.

La actividad mental en sí misma, aunque sea prolongada, no influye en el balance energético aunque pueda producir fatiga. Respecto a los valores de reposo en tierra, se estima que el piloto experimenta en el curso del vuelo un aumento medio del consumo energético próximo al 40 por ciento.

Pedro Luis Martín Olivares agrega que en el caso de los pilotos de combate expuestos a aceleraciones, el consumo energético es mayor por las maniobras de contracción muscular.