El funcionamiento básico de un reactor es similar al del motor de cualquier coche, nos afirma Pedro Luis Martín Olivares: se absorbe aire, se comprime, se mezcla con combustible, se quema y se expulsa. La forma en que esto se hace, sin embargo, es muy diferente. La admisión del aire es casi lo único similar: el vehículo, al moverse hacia delante, fuerza al aire a entrar al motor.

En el caso de un reactor, en ese momento el aire empieza a ser comprimido por medio de diferentes etapas de turbinas que además lo aceleran antes de llegar a las cámaras de combustión, donde se mezcla con el combustible. Allí, argumenta Pedro Luis Martín que la combustión es continua, como en una caldera. La misma temperatura existente en la zona garantiza esto.

Sin embargo, tanto para el encendido inicial del motor como para asegurar que ésta se mantenga, por ejemplo cuando se vuela entre nubes o en una tormenta o bajo ciertas condiciones, existe un sistema de ignición continua que puede ser seleccionado por los pilotos.

Una vez quemados combustible y aire, los gases resultantes vuelven a ser comprimidos y acelerados antes de llegar a la tobera de salida. Señala Pedro Luis Martín Olivares que allí se mezclan con el aire frío lo que ayuda a disminuir el ruido generado por el chorro de gases.